Se sube un moreno, gel, chaqueta de cuero.
Se sienta al frente, solo lo veo por el reflejo de la ventana, como siempre cuando acostumbro espiar.
Un poco neurótico con sus movimientos, mascaba chicle el ritmo de sus pulsiones sexuales, aceleradas y descontinúas, sin ritmo.
Ruidoso su boca desenfadada, negros ojos y una mirada fija, un detalle, su blanco estaba a mi lado.
Supongo que ella es o fue su compañera, su amante, su ex, aun no tengo suficientes pistas para descifrar este puzzle,solo se que existe un lazo demasiado familiar, extrañamente familiar.
Es la intensidad con la que se mira a un conocido o a alguien que se desea conocer.
Dos éramos testigos y dos eran los actores de esta escena.
Mi gorro negro y cara de vieja pesada me dejaban ser la observadora privilegiada.
Mascaba más rápido, sus ansias eran difíciles de contener.
De pronto, se agacha, recoge un papel y simula un descuido para tocar su pierna, el le pide perdón. Ella simula desinterés.
Aun no alcanzo a ver su cara, eso me daría pistas mas precisas sobre esta situación.
El masca despacio, y parece calmarse.
Otra mujer se sienta a mi lado y comienzo a escuchar el ruido del chicle, más saliva, y más ruido, su vena se hincha. Sus ojos fijos y su pelo brillante.
Estacion bellecour, aquí me bajo, miro a mi alrededor, si no existen los clones, existen los recontra parecidos. Escucho el murmullo de chicles, cada uno ha escogido su blanco, y esquivo las miradas que quieren ser familiares.