Mi mano aferrada para no caer sobre alguien, me sostiene ir y venir, una estación tras otra, solo al entrar en el metro y se que quiero llegar.
Este micro climatico mundo donde todos respiramos juntos, nos obliga a mirar al otro. El hacinamiento es incomodo, pero nos obliga a ver.

Estoy segura que nos despierta el instinto violento y también el instinto de compasión. El problema que ya no sabes a quien eres si más cercano a un asesino o a un compasivo y tolerante ciudadano. Mi poca paciencia me acerca algunas veces al espíritu de un terrorista.

Una mirada con delineador celeste fuerte, me dice “permiso te bajas”, 20cm de espacio que ella deja son reemplazados por dos personas. Dos cabezas 4 brazos, 4 manos 4pies, entonces el poco espacio se convierte en un nulo espacio y en la próxima estación en un intimidad sin permisos.

Transo el espacio de mi pie por el espacio de tu bolso, transo el espacio de mi brazo por el de tu mano, transo el espacio de mi antebrazo por el espacio de tu espalda.
Y cuando ya no quiero transar más, imposible estamos en el transantiago.

Transo el espacio de mi palabra por mi silencio, transo el espacio de mis pensamientos por el de la sobrevivencia del día a día. Transo el lanzar un grito en plena estación por llegar anónimo a mi hogar. El único gran detalle es que llego a mi casa sabiendo mañana tendré las mismas ganas de gritar.