Me faltaban 10 céntimos para comprar el boleto de metro, justo un hombre joven y bien parecido, como diría mi abuelita, en su descuido boto cerca de mi, los ansiados 10 céntimos Para el las sobras de su billetera para mi el trayecto hacia mi casa.
Se volaron lejos y cayeron próximos a mi pies, no dude el buscarlos y como un ladrón en plena caza, me sentí con esa la felicidad de los pequeños robos.
10 céntimos son como diez segundos, es justo esa exactitud incalculada de lo inesperado.
Es justo cuando alguien gira en una esquina y te encuentras con el amigo que necesitas justo, el momento preciso.
Esas centésimas de realidad que por alguna extraña razón son las raíces invisibles de este árbol que nos sostiene.
Adoro esos momentos click de este reloj que no veo.
Estoy atenta esperando mis próximos diez céntimos para guadarlos en mi monedero.